Portada Hebras solo hebras_Lillian Clarke_ Guada Mujica Cerati

HEBRAS… SOLO HEBRAS – Conocé algunos cuentos de la mamá de Cerati incluidos en su libro

En exclusiva compartimos algunos de los cuentos y poemas de Lillian Clarke, e ilustraciones de su nieta, Guada Mujica Cerati, que acompañan este bellísimo libro “Hebras…Sólo Hebras”.

 

Carmín y charol (Junio, 2004) 

Poco a poco se están ocupando todas las mesas de la confitería El Deleite que, como todos los viernes a la noche, ofrece su espectáculo de tango. Volverá a presentarse la orquesta de señoritas Carmín y Charol, integrada por cuatro intérpretes instrumentales y una cantante.

Al fondo del local, sobre el escenario todavía en semipenumbra, se observan un piano, micrófonos y tres sillas; en una de ellas, recostado un violín y en las otras dos, apoyados sobre mantas negras, sendos bandoneones.

El salón ya está completo. Comienza a iluminarse el tablado y a disminuirse las luces generales. Un locutor, con traje a rayas, gardeliano, moño negro al cuello, anuncia con voz grave, engolada, la calidad de los intérpretes que va presentando a medida que se acercan: al piano, Amelia; en violín, Anastasia; segundo bandoneón, Ágata y primer bandoneón, Celeste; y cantante, Lucía.

Todas están vestidas con trajes de satén negro, solo se diferencian por pañuelos al cuello de distintos colores. Son mujeres mayores de cincuenta años, salvo Celeste la más joven, linda y aplaudida, que cuenta con treinta y cinco años. Tiene una piel blanca, blanquísima, uno diría que solo toma luna, y cabellos negros, lacios, que recoge bien estirado y brillante, en un rodete sostenido por una hebilla plateada.

Salvo cuando canta Lucía, con su voz ronca y bien templada, todas las miradas convergen en Celeste, no solo por su maestría y pasión como ejecutante, sino por el misterio, la seducción, que emana de ese rostro bello y hermético, de esa figura grácil, elegante, que parece quebrarse al compás de su abanico sonoro. Pero quien pudiera adentrarse en el alma de Celeste y observara con más atención el brillo de sus ojos negros, comprobaría que hay fuego, emociones turbulentas pugnando por escaparse de esa envoltura casi hierática, reservada.

Es que, en todas sus presentaciones, en la primera mesa está su madre acompañada de una amiga, pero, en la mesa de atrás, “ese” tipo, ese hombre que después del molesto episodio que protagonizaran hace un tiempo, la sigue a cuanta confitería o recital que su grupo Carmín y Charol actúe.

Todo ocurrió hace un par de meses. Florida y Córdoba, doce horas. Mucha gente esperando la luz verde para cruzar. Al lado de ella, un hombre joven, cuarenta y cinco años aproximadamente, administrativo por su vestimenta, la mira arriba y abajo, apreciativamente, Celeste frunce el ceño, molesta. En eso, al librarse el cruce, un muchachón que cargaba una canasta, apurado, la empuja y hace que ella casi se abrace con aquel hombre. Este, sonriendo, la mira y le dice: “Muchas gracias”. Furiosa, Celeste le pega un bofetón. “No sea maleducado, ¿no ve que me empujaron?”. Y se aleja por Florida, casi corriendo, sin ver la mirada de sorpresa del castigado y de algunos transeúntes que habían observado el hecho.

Celeste vivía con su madre, una severa sevillana que había soñado con que su única hija fuera monja y por ello había cursado varios años en un seminario, pero su salud delicada y una aguda depresión, hicieron que las autoridades eclesiásticas aconsejaran a la madre a sacar la niña de allí . Entonces, dada su acendrada vocación musical, cursó varios años en el Collegium Musicum, en donde se destacó como flautista. Pero en realidad, Celeste quería tocar el bandoneón, acaso por el amor profundo que sentía por su padre, ya fallecido, bandoneonista reconocido y que había integrado las mejores orquestas de tango. Se había separado de su madre, que no toleraba y que odiaba la vida bohemia de su marido, cuando ella contaba con doce años. La madre, ante el temor que la niña fuera a vivir con su padre, aceptó que Celeste tocara ese instrumento y que más tarde, además de su tarea como catequista, formara parte de una orquesta de señoritas.

Carmín y charol - Ilustración por Guada Mujica Cerati
Carmín y charol – Ilustración por Guada Mujica Cerati

La joven, a pesar de su belleza, nunca había tenido un novio, solo simpatizantes que su madre se encargaba de fiscalizar y hacer huir. Le contó a esta el episodio que vivió en la calle Florida, quien lo aprobó satisfecha: “Muy bien, hija, tendrías que haber denunciado a ese degenerado”.

Pero a partir de ese día, Celeste se cruzaba con el “degenerado” en demasiados sitios como para que sea casualidad. Al principio, sentía deseos de volver a abofetearlo, pero de a poco fue observándolo críticamente; no podía negar que era atractivo, emanaba algo especial de él; alto, ligeramente calvo, ojos grises grandes, mirada profunda, inteligente, nariz y boca armoniosas. En definitiva, un rostro que en su interior, ella definió como noble. Y después ya no pudo dejar de buscar su mirada y empezó a soñar con é l. La ponía al borde de la furia que no se acercara a hablarle. Solo la miraba, la miraba, con devoción, con pasión… y de pronto desaparecía.

Ella necesitaba saber quién era, cómo se llamaba, ¿sería soltero? ¿Qué buscaba al seguirla así? ¿Solo la aventura? ¿Por qué la inquietaba tanto?… Y esa noche se decidió y le envió a su admirador un mensaje.

Cuando terminó el concierto y su madre, como lo hacía siempre, la fue a buscar al camarín para retornar juntas, se encontró con que no estaba. Alarmada, preguntó a las otras compañeras, pero estas, complotadas con Celeste, la retuvieron con excusas mientras daban tiempo a la pareja a perderse en la calle… y en el tiempo.

No hubo rastros de ellos por varios años. La madre de Celeste enfermó y atacada por el mal de Alzheimer falleció en un centro psiquiá trico tiempo después. Mientras, Carmín y Charol, con una nueva bandoneaonista, proseguía con sus presentaciones artísticas.

Fue mayúscula la sorpresa de las antiguas integrantes, Ágata y Anastasia, al observar una noche sentado en la primera mesa, a aquel enamorado de Celeste – cuyo nombre nunca supieron- acompañado de otro hombre. Hecho que se repitió , noche a noche, en presentaciones en diversos lugares. Siempre ocupaban la primera mesa, entraban cuando el show ya había comenzado y se retiraban antes del final, por lo que nunca les fue posible preguntarle por Celeste. Lo que sí les había inquietado era observar la mirada obsesiva, casi desesperada, que el hombre clavaba a Carol, bando- neonista reemplazante de Celeste, hasta tal punto que la joven una noche pidió que la suplieran y decidió encararlo cuando salían del local.

Pero al hacerlo solo sintió mayor inquietud y temor, porque é l la miró sin verla y sonriente le dijo: “¿Vio? Mi Celeste cada vez toca mejor. La estamos esperando para llevarla a casa”.

El hombre que lo acompañaba le hizo una seña a Carol, la llevó a un costado y le dijo: “Soy su enfermero. Desde que falleció Celeste, Pablo está en tratamiento psiquiá trico: él insiste en que su mujer lo visita a diario y que le pide que vaya a verla tocar su bandoneón. Por ahora consideramos apropiado no forzar esa obsesión. No teman, él solamente va a disfrutar el concierto de quien cree es su mujer”.

Y ante el estupor de Carol, desaparecieron de su vista, como volatilizados en el aire.

“HEBRAS… SOLO HEBRAS” LILLIAN CLARKE

 

Madre tierra (2011) 

Madre tierra que pariste
siglo a siglo, generosa
tan fecunda, tantos frutos,
hoy ya sangran tus entrañas
los primates que engendraste
en caníbales trocaron,
matricidas implacables
que devoran, hora a hora,
impiadosos, miserables,
tu trabajo de milenios.

No entendieron tu mensaje:
libertad es equilibrio,
no eres rey, sino parte del planeta,
una migaja responsable, inteligente,
una molécula entre tantas
encadenada para siempre,
desde esponja, plancton, algas,
más allá delfines y cipreses
desde el mono en el África caliente
hasta el verde monte brasilero,
la mariposa que fue oruga,
la semilla que fue rosa,
escarola o la endivia,
el camello en el Sahara
aquel lobo en las estepas,
el ñandú en esta América.

Madre tierra, no entendieron
esos hombres pequeñitos
enceguecidos, despiadados,
que el cañón que hoy han cargado
a sus hijos está apuntando
y no habrá poder que logre
con tu enojo madre tierra.
es tan torpe lo planeado,
tal dinero millonario
tan poder equivocado,
tantos niños sin destino
tanto hambre en el camino
tanta furia sin sentido
tanta furia contenida…

Madre tierra, vagabunda
del espacio que vigila
con sus luces de la noche
temerosa que resbales
para siempre en la negrura
y te estrelles y aniquiles.

Madre tierra - Ilustración por Guada Mujica Cerati
Madre tierra – Ilustración por Guada Mujica Cerati

Madre tierra, madre nuestra,
gira el eje, cambia el rumbo,
amamanta nuevos seres
como éstos, inocentes, que te aman
no permitas que el aceite
tantos mares ennegrezcan
que la niebla enferme el aire
que te quiten tus florestas
que te vuelvas un desierto
que la lluvia no sea lluvia
que la lluvia vuelva mares
que los peces, solo espinas
las gacelas, solo cuernos
y los niños, nuestros niños,
solo vuelvan piel y huesos.

No hay futuro, madre tierra
si te rindes, si ellos pueden,
gira el rumbo, madre tierra,
tú si quieres, tú sí puedes,
te daremos nuestras manos
nuestras uñas clavaremos
en tu vientre lastimado
y semillas sembraremos
y habrá frutos y habrá flores
y acunados en tu seno
habrá niños sonrosados.

Madre tierra, vagabunda
del espacio que vigila
nuestros ojos son estrellas
como aquellas que titilan
temerosas que resbales,
el peligro conocemos,
vigilamos, señalamos,
arduo, largo es el camino
y seguro triunfaremos.

“HEBRAS… SOLO HEBRAS” LILLIAN CLARKE

 

Corazón sin tiempo (Marzo, 1989)

Detente, rojo fluido aún vibrante, y debilita mis vísceras genuinas; acalla a este demonio tan lascivo, que aún sigue contorneando mis caderas y mimbreando la figura.

Corazón sin tiempo - Ilustración por Guada Mujica Cerati
Corazón sin tiempo – Ilustración por Guada Mujica Cerati

Descorre, tú, viejo cristal de azogue, la piadosa muselina que te nubla y muestra, descarada, la biológica verdad, esa, que tantos dedos señalaron, y que no ven mis ojos empañados.

Pero, no cedas, ardiente corazón que me sustentas, sigue entonando el misterioso karma y busca la secreta, inmortal mirada, esa, que solo tú y yo, y algunos, conocemos.

“HEBRAS… SOLO HEBRAS”, LILLIAN CLARKE

Cuentos, poemas e ilustraciones extraídos del libro “HEBRAS…. SOLO HEBRAS”. Editorial Planeta, Noviembre de 2015.

Agradecimiento especial e infinito a Lillian Clarke, Guada Mujica Cerati y Amelia Álvarez por permitirnos compartir aquí con todos algo de ese hermoso y mágico mundo literario de la mamá que amamos y admiramos todos, y que nos hace viajar volando sin alas por el maravilloso cielo de la imaginación. Gracias Lillian!

Cuando alguien me pregunta por qué o para qué escribo, o si siento miedo a la hoja en blanco, me gustaría contestar con la misma gracia con que lo hizo hace tiempo Isabel Allende: “Al contrario, siento tanto placer como si me tendieran una sábana blanca sobre el colchón para invitarme a hacer el amor…”.
Hay algo de esa voluptuosidad, de una especie de sensualidad del espíritu, un placer estético y un desafío: crear imágenes coherentes, personajes creíbles, más allá de la realidad concreta o virtual del contenido.
Si tuviera que sintetizar en una palabra el alboroto intelectual y afectivo que me produce comenzar a imaginar una historia, creo que la palabra que utilizaría sería LIBERTAD. Porque al haber estructurado mi vida –deliberadamente– dentro de un sistema establecido, que me dio seguridad y confort, sepulté a una audaz, soñadora y rebelde muchacha, siempre interesada en el arte, la política y los problemas sociales. Es decir, construí “ladrillos”, al estilo de The Wall, para defenderme y defender a los míos. Esas paredes fueron muros, a veces infranqueables, para entrar o salir al aire libre. Entonces descubrí que ningún mandato, religioso, político o social puede coartar la libertad individual de pensar, de imaginar. A lo mejor, no podemos concretar en una difusión masiva nuestro pensamiento pero ¡qué gloria! Nadie puede prohibirnos jugar con nuestra imaginación hasta el límite que nos propongamos.
Puede parecer una conformidad ingenua, pero para mí es el mensaje indiscutible de lo que el Absoluto ha querido significar en la criatura humana: total libertad para pensar, para crear, para imaginar, para comunicar y comunicarse, para hacer.
Y por todo eso, escribo.
LILLIAN CLARKE

Video promocional Hebras… solo hebras:

 

Lillian Clarke & Guada Mujica Cerati - Fotografía: Nora Lezano
Lillian Clarke & Guada Mujica Cerati – Fotografía: Nora Lezano

 

Lillian Clarke:

Nací el 21 de junio de 1930, en Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires. Alrededor de cinco años, mis padres se trasladaron a General Alvear, allí mi padre abrió su negocio de talabartería. Lo llamaban el “criollo inglés”. En ese pueblo cursé la primaria en el único colegio del lugar. Cuando terminé la primaria, igual que mis hermanos, mi padre decidió mudarse a Buenos Aires, para que pudiéramos continuar estudiando. Y nos trasladamos a Liniers. Casa alquilada, con local al frente. Me recibí de Perito Mercantil. El tranvía eléctrico era mi medio de transporte, para dirigirme a los diferentes lugares de trabajo, como empleada administrativa –el más importante– no solo por la cantidad de años, la empresa Esso petrolera, sino porque allí conocí al que sería mi esposo, Juan José Cerati y padre de mis tres hijos: Gustavo, Estela y Laura. Excelente padre y marido. Falleció en el año 1992. Mi afición por la literatura me acompaña desde la adolescencia. Hice diferentes cursos de taller literario, lo que me permitió desarrollar con mayor fundamento mi natural inclinación. Alrededor de los cuarenta años decidí ingresar a la Facultad de Filosofía y Letras. Terminé allí la licenciatura en Ciencias de la Educación. Salvo esporádicas actividades docentes, me dediqué a mi habitual rol de ama de casa, pero sin perder la afición literaria, intercalando ollas y sartenes con lecturas y talleres literarios. Hasta hoy que ¡impulsada por mis nietos! he decidido dar a conocer mi hobby de cuentista.

Guada Mujica Cerati: 

Soy, canceriana-pisciana. Me gusta pintar, bailar, mirar las estrellas, soñar despierta, fotografiar a mis gatos, crear y jugar. Artista plástica, diseñadora de indumentaria, vestuarista y creadora de la marca menosmal!, Admiro a la naturaleza en todos sus planos, y es mi gran fuente de inspiración. El universo es la fascinación más grande que tengo desde muy chiquita, gracias a mi tío, que fue quien me inculcó ese deslumbramiento. La intuición, la magia, la astrología y la sincronicidad del tiempo son mi religión y guía. A través de mi obra, intento rendirle culto a la naturaleza como ofrenda de gratitud y redención. El holograma es el material principal con el que trabajo porque hace referencia al tiempo en otras dimensiones y donde construyo un altar que me une con la niña que hay en mí. Mi abuela siempre es un gran referente. Mi entrega y debilidad hacia ella es inmensa. Somos cómplices y mejores amigas. Nos une el humor, el arte y el amor mutuo y ¡tantas otras cosas…! Hacer el libro juntas para mí es una gratificación enorme que me llena de emoción. Ante todo, por verla sonriente en este nuevo amanecer. Estas páginas materializan la unión de nuestras almas.

“Hebras… solo hebras” ya se encuentra a la venta en todas las librerías de Argentina, y muy pronto también lo estará en los distintos países de Latinoamérica. 

Toda la familia Cerati en el lanzamiento de Hebras… solo hebras:

Familia Cerati: (Valentina, Laura, Guada, Lillian, Benito, Julián, Estela y Lisa) en el lanzamiento del libro en El Ateneo Grand Splendid
Familia Cerati: (Valentina, Laura, Guada, Lillian, Benito, Julián, Estela y Lisa) en el lanzamiento del libro en El Ateneo Grand Splendid

 

MUESTRA: 

No dejen de visitar la obra de Guada Mujica Cerati que ilustra “Hebras…sólo hebras”, y que se expone hasta el 30 de noviembre en la librería Grand Splendid -Santa Fe 1860, 2º piso, Ciudad Autónoma de Buenos Aires-. Lunes a jueves de 9:00 a 22:00, viernes y sábados de 9:00 a 24:00, domingos de 12:00 a 22:00. Entrada libre y gratuita. 

Obra de Guada Mujica Cerati: Hasta el 30/11 en Ateneo Grand Splendid
La obra de Guada Mujica Cerati: Hasta el 30/11 en Ateneo Grand Splendid

 

Guada Mujica Cerati en su muestra en Ateneo Grand Splendid
Guada Mujica Cerati en su muestra en Ateneo Grand Splendid

 

Para mayor información visitar los siguientes sitios:

Facebook oficial de Hebras… solo hebras: https://www.facebook.com/HebrasSoloHebras

Facebook oficial de Guada Mujica Cerati: https://www.facebook.com/GuadaMCerati

Sitio web de Guada Mujica Cerati: http://www.guadamujicacerati.com/

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